Contenido
- ¿Qué son los probióticos?
- Funciones de los probióticos
- ¿Cuál es la diferencia entre probióticos, prebióticos y postbióticos?
- Vitaminas para perros: ¿por qué su absorción depende de los intestinos?
- Funciones de la flora intestinal del perro
- Probióticos: acción y administración
- ¿Cómo funcionan los probióticos en el cuerpo de un perro?.
- ¿Cuándo debo darle probióticos a mi perro?
- ¿Durante cuánto tiempo debo darle probióticos a mi perro?
- ¿Cómo administrar correctamente los probióticos a tu perro?
- ¿Son buenos los probióticos para humanos para los perros? ¿Se le puede dar un probiótico para humanos a un perro?
- Probiótico humano para perros
- ¿Qué probiótico debería elegir para su perro?
- Resumen
¿Qué son los probióticos?
Según las definiciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), los probióticos son „microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un efecto beneficioso para la salud del huésped”. Se trata principalmente de bacterias y levaduras que colonizan el tracto gastrointestinal. Su presencia influye positivamente en el sistema digestivo, el sistema inmunitario y la salud general del perro. Las cepas probióticas más utilizadas en perros incluyen bacterias de los grupos Lactobacillus (p. ej., acidophilus, plantarum, rhamnosus) y Bifidobacterium (p. ej., animalis, longum, bifidum), así como Enterococcus faecium y la levadura Saccharomyces cerevisiae.
Funciones de los probióticos
- Estabilización del equilibrio de la microbiota intestinal: los probióticos reducen el riesgo de diarrea, especialmente la asociada a antibióticos, la relacionada con el estrés o la provocada por un cambio repentino en la dieta. Ciertas cepas probióticas colonizan el epitelio intestinal, compitiendo con patógenos como Escherichia coli y Salmonella por los sitios de adhesión y los nutrientes.
- La producción de bacteriocinas (sustancias antibacterianas naturales) y ácidos grasos de cadena corta (AGCC), incluido el butirato, nutre a los enterocitos y colonocitos (células intestinales). El ácido láctico producido disminuye el pH intestinal, creando un ambiente desfavorable para los patógenos y aumentando la biodisponibilidad de minerales como el calcio y el magnesio.
- Estimulan la producción de anticuerpos en los intestinos, lo que refuerza la inmunidad local. Al mismo tiempo, los probióticos reducen la inflamación al regular la actividad de los linfocitos e inhibir la producción de citocinas proinflamatorias.
- Síntesis de ciertas vitaminas (principalmente vitaminas del grupo B y vitamina K) necesarias para el correcto funcionamiento del sistema nervioso y el proceso de coagulación sanguínea.
- Estimula la secreción de mucinas (el componente principal del moco presente en el tracto digestivo) y fortalece las uniones estrechas del epitelio intestinal. De esta manera, los intestinos se mantienen herméticos, impidiendo que sustancias nocivas entren en el organismo.
- Regulación de los procesos de fermentación que mejoran el peristaltismo intestinal, lo que reduce el problema de los gases y la hinchazón.
- Participación en el eje intestino-cerebro. Diversos estudios han demostrado que la suplementación con cepas específicas, como Bifidobacterium longum, se asoció con niveles reducidos de cortisol (la hormona del estrés) y una disminución de los síntomas de estrés y ansiedad, como la hiperreactividad y la ansiedad por separación. Asimismo, se observaron diferencias en la composición de la microbiota entre perros sanos y aquellos con trastornos del comportamiento, como agresividad y ansiedad.
¿Cuál es la diferencia entre probióticos, prebióticos y postbióticos?
Estos términos se usan a menudo indistintamente, lo cual es incorrecto. Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, tienen un efecto beneficioso para la salud del huésped. Su nombre proviene del griego "pro bios", que significa "para la vida". En los animales, los probióticos colonizan principalmente el tracto gastrointestinal, incluyendo el intestino delgado y el grueso; algunas cepas también se encuentran en la boca, la garganta, el tracto urogenital y la piel.
Según las directrices actuales de la Asociación Científica Internacional de Probióticos y Prebióticos (ISAPP), los prebióticos son sustancias utilizadas selectivamente por microorganismos que tienen un impacto beneficioso en la salud del huésped. Estos incluyen carbohidratos de los grupos de oligosacáridos y polisacáridos (FOS – fructooligosacáridos, MOS – manano-oligosacáridos, inulina, lactulosa, celulosa), que no se hidrolizan enzimáticamente en el tracto gastrointestinal superior y llegan al intestino grueso sin sufrir cambios, donde son metabolizados por cepas bacterianas beneficiosas y contribuyen a su proliferación.
Los postbióticos se definen como preparaciones compuestas por microorganismos no vivos y/o sus componentes, que demuestran un efecto beneficioso para la salud. Entre ellos se incluyen ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como butirato, propionato y acetato; péptidos antibacterianos, enzimas, polisacáridos y lisados bacterianos. Actúan directamente sobre el sistema inmunitario y la barrera intestinal, sin necesidad de que las bacterias vivas colonicen los intestinos.
Los simbióticos son preparados que combinan un probiótico con un prebiótico debidamente seleccionado, lo que crea un efecto sinérgico y ayuda a las bacterias a adaptarse a un nuevo entorno.

Vitaminas para perros: ¿por qué su absorción depende de los intestinos?
El intestino del perro es el lugar de absorción de muchas vitaminas, especialmente las liposolubles (A, D, E, K) y algunas vitaminas del grupo B, incluida la B12. Las bacterias intestinales son capaces de producir algunas vitaminas (vitaminas del grupo B y vitamina K). Los productos metabólicos de las bacterias intestinales ayudan a mantener un pH óptimo en la luz intestinal. Una acidificación adecuada es esencial para la absorción de micronutrientes. Algunas bacterias comensales producen enzimas, incluidas las fitasas, que degradan compuestos que limitan la absorción de minerales, como el fitato. Los productos de la fermentación bacteriana (incluido el butirato) son la principal fuente de energía para las células epiteliales intestinales. Las deficiencias vitamínicas son un problema común en los perros, a pesar de recibir una dieta equilibrada y de alta calidad. Esto suele deberse a la disbiosis y la inflamación subclínica que la acompaña. Esta condición conduce a la destrucción de la estructura de las vellosidades intestinales, al aumento de la permeabilidad de la barrera intestinal (el llamado "intestino permeable") y a la reducción de la biodisponibilidad de nutrientes.
La mejor manera de corregir las deficiencias nutricionales es mediante el uso simultáneo de cepas probióticas adecuadas y vitaminas de alta biodisponibilidad. Estabilizar la microbiota restaura la integridad de la barrera intestinal, esencial para una suplementación óptima. Se recomienda utilizar suplementos vitamínicos específicos para perros, como los que ofrece ANIMALACTIN.
Funciones de la flora intestinal del perro
La microbiota intestinal es un ecosistema dinámico y complejo compuesto por bacterias, virus, hongos, arqueas y protozoos. El término "microflora" es de origen histórico; microbiota se refiere a la composición real de microorganismos, mientras que el microbioma abarca los genes de todos los microorganismos que habitan un entorno determinado, como el cuerpo de un perro. La composición de la microbiota es única para cada perro, dependiendo de la genética, la edad, el entorno y la dieta. La microbiota es responsable de mantener la homeostasis del organismo, y su correcto equilibrio microbiano (eubiosis) es crucial para la salud del perro. También incluye patógenos potenciales que, si predominan en exceso, pueden provocar disbiosis.
Las funciones principales de la microbiota intestinal incluyen la neutralización de toxinas provenientes de los alimentos, la regulación del pH gastrointestinal y la inhibición de la colonización de patógenos mediante la competencia por sitios de adhesión y nutrientes. La microbiota regula numerosos procesos fisiológicos, como la digestión, la síntesis de vitaminas (en particular la vitamina K y las vitaminas del grupo B, como la B1, la B2, la B12, la biotina y el ácido fólico), el metabolismo de los ácidos biliares y la neutralización de xenobióticos. Además, la microbiota influye en la diferenciación adecuada de los enterocitos (células epiteliales intestinales) y las células del tejido linfoide asociado al intestino (GALT), lo cual es crucial para el desarrollo de la respuesta inmunitaria. Al producir sustancias antimicrobianas como las bacteriocinas y modular el ambiente intestinal, limita el crecimiento de microorganismos patógenos.
La microbiota intestinal también participa en el mantenimiento de la integridad de la barrera intestinal, previniendo así reacciones de hipersensibilidad alimentaria. Un creciente número de investigaciones indica además la implicación de la microbiota en el eje intestino-cerebro, donde influye en la estabilización emocional, la reactividad al estrés y los procesos cognitivos. La disbiosis se relaciona no solo con enfermedades gastrointestinales como la diarrea, la colitis y la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), sino también con trastornos metabólicos e inmunológicos, así como con problemas de comportamiento.
Probióticos: acción y administración
¿Cómo funcionan los probióticos en el cuerpo de un perro?.
Cuando se administran por vía oral, los probióticos deben sobrevivir a las condiciones desfavorables del tracto gastrointestinal superior, incluido el ambiente ácido del estómago, y ser resistentes a las enzimas digestivas. Las cepas con eficacia comprobada son resistentes al ácido clorhídrico y a las sales biliares, lo que les permite llegar al intestino delgado y grueso en forma metabólicamente activa. Una vez en el intestino, las cepas probióticas tienen la capacidad de adherirse a los receptores del epitelio intestinal y competir con los microorganismos patógenos por el espacio y el acceso a los nutrientes.
Uno de los mecanismos de acción clave de los probióticos es la producción de metabolitos como el ácido láctico, las bacteriocinas y los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), entre los que se incluyen el butirato, el propionato y el acetato. La disminución del pH del contenido intestinal crea un ambiente desfavorable para el crecimiento de patógenos como Escherichia coli, Clostridium y Salmonella. Los AGCC proporcionan energía a las células epiteliales intestinales, estimulan la producción de una capa protectora de moco y fortalecen la integridad de las uniones estrechas entre los enterocitos, sellando la barrera intestinal e impidiendo que las endotoxinas entren en la circulación sistémica.
Los probióticos también influyen en el funcionamiento del sistema inmunitario intestinal al estimular la actividad del tejido linfoide asociado al intestino (GALT). Incrementan la producción de inmunoglobulina A (IgA) secretora, que constituye la primera línea de defensa contra los patógenos. Asimismo, modulan la respuesta inflamatoria regulando la actividad de las células dendríticas y los linfocitos T, así como el equilibrio entre las citocinas proinflamatorias y antiinflamatorias, previniendo de esta forma respuestas inflamatorias y autoinmunes excesivas.
Además, las bacterias probióticas favorecen la digestión y la absorción de nutrientes. Al estabilizar la microbiota intestinal, mejoran la biodisponibilidad de vitaminas y minerales, participan en la biosíntesis de vitaminas del grupo B y vitamina K, y regulan el metabolismo de los ácidos biliares, lo cual es especialmente importante en casos de disfunción hepática y pancreática. Algunas bacterias probióticas secretan enzimas digestivas (p. ej., lactasa, lipasa), que favorecen la digestión en la luz intestinal incluso antes que las enzimas pancreáticas del perro. Debido a la falta de una colonización intestinal permanente, para mantener los efectos beneficiosos es necesario el uso regular de preparados probióticos.
¿Cuándo debo darle probióticos a mi perro?
El uso de probióticos es un elemento importante en la prevención y el tratamiento coadyuvante de trastornos gastrointestinales e inmunitarios en perros y gatos. Su uso está especialmente justificado en situaciones que contribuyen a desequilibrios de la microbiota intestinal.
- Terapia con antibióticos: además de combatir los patógenos, los antibióticos también eliminan las bacterias beneficiosas, lo que provoca disbiosis. La suplementación con probióticos durante el tratamiento y durante al menos unos días después de su finalización reduce el riesgo de diarrea asociada a los antibióticos y favorece la recuperación de la barrera intestinal. Se recomienda mantener un intervalo de tiempo adecuado entre la administración de antibióticos y probióticos, a menos que el fabricante indique lo contrario.
- El estrés —como mudarse, transportarse, asistir a exposiciones o visitar al veterinario— activa el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA), lo que provoca un aumento de los niveles de cortisol y, en consecuencia, una mayor permeabilidad del epitelio intestinal (intestino permeable). El uso profiláctico de un probiótico para perros unos días antes del evento previsto puede reducir el riesgo de diarrea relacionada con el estrés.
- Cambios en la dieta: la introducción de un nuevo alimento puede provocar molestias digestivas temporales. Los probióticos favorecen la adaptación de la microbiota intestinal y los procesos enzimáticos, reduciendo el riesgo de diarrea, flatulencia y fermentación excesiva.
- Los problemas gastrointestinales —diarrea aguda y crónica, gases e hinchazón— suelen estar causados por la disbiosis. La suplementación con probióticos favorece la restauración de la eubiosis y refuerza la respuesta inmunitaria local en el tejido linfoide asociado al intestino (GALT), lo cual es importante tanto para el tratamiento como para la prevención de la recurrencia de los síntomas. En las enteropatías con pérdida de proteínas (PLE) y la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), los probióticos favorecen el proceso de remodelación de la microbiota, esencial para restaurar la función linfática intestinal y reducir la inflamación crónica de la mucosa.
- Enfermedades de la piel: en perros con dermatitis atópica (DA), los probióticos modifican la respuesta inmunitaria de un perfil Th2 (alérgico) a Th1, lo que reduce el índice de picor (CADESI) y, en algunos casos, permite reducir las dosis de glucocorticosteroides.
- Salud del tracto urinario: determinadas cepas de bacterias probióticas favorecen la reducción de los oxalatos de calcio, lo que minimiza el riesgo de cálculos renales dolorosos.
- Periodo perinatal y lactancia: la suplementación en perras durante el último trimestre de gestación y durante la lactancia permite la transferencia de bacterias beneficiosas a las crías, lo que fortalece la inmunidad de los cachorros desde los primeros días de vida.
- Destete: los probióticos protegen a los cachorros contra la diarrea viral y bacteriana peligrosa cuando la inmunidad transmitida por la madre disminuye y la inmunidad de la madre aún no está completamente desarrollada.
- Perros mayores: los pacientes geriátricos experimentan un debilitamiento del sistema inmunitario y una disminución de la eficiencia digestiva. Los probióticos estabilizan la microbiota, reduciendo la inflamación, mejorando la biodisponibilidad de nutrientes y favoreciendo el apetito.
¿Durante cuánto tiempo debo darle probióticos a mi perro?
El momento de administración de los probióticos no es universal y depende del objetivo del tratamiento, la condición clínica del animal y la cepa utilizada. Si bien los primeros efectos clínicos (p. ej., mejora en la consistencia de las heces) suelen ser perceptibles después de 1 a 3 días, la colonización intestinal completa es un proceso a largo plazo. El tratamiento estándar generalmente dura de 2 a 4 semanas. Al reconstruir la microbiota intestinal tras un tratamiento con antibióticos, se recomienda continuar la suplementación durante al menos una semana para restablecer el equilibrio microbiano. El probiótico debe administrarse al menos 2 a 4 horas después de la dosis de antibiótico para evitar la inactivación directa de los microorganismos probióticos por el fármaco presente en la luz intestinal.
En caso de estrés previsto, como viajes, exposiciones o visitas al veterinario, es recomendable comenzar la suplementación con unos días de antelación. La administración debe comenzar de 3 a 5 días antes del evento planificado y continuar durante varios días después de que el factor estresante disminuya. En casos agudos, la suplementación suele durar de 2 a 4 semanas. Un período de administración suficientemente prolongado garantiza una recuperación sostenida de la microbiota. En caso de enfermedades crónicas o afecciones inmunomediadas como la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), alergias o dermatitis atópica (DA), se recomienda la administración de probióticos a largo plazo, incluso durante varias semanas o meses. La suplementación debe extenderse durante el último trimestre del embarazo, la lactancia y la transición de los cachorros a la alimentación sólida, que suele durar de 4 a 6 semanas.
Según las indicaciones clínicas, los probióticos pueden utilizarse con fines preventivos y de apoyo a corto plazo, o a largo plazo para problemas de salud crónicos, siempre bajo la supervisión de un veterinario y teniendo en cuenta la dependencia de la cepa de cada preparado.
¿Cómo administrar correctamente los probióticos a tu perro?
Se recomienda tomar los probióticos con las comidas o inmediatamente después. Esto aumenta la supervivencia de las bacterias en el ambiente ácido del estómago y facilita su llegada al intestino en forma activa. Si se toman antibióticos simultáneamente, se recomienda dejar un intervalo de 2 a 4 horas entre la medicación y el probiótico. Una excepción son los probióticos de levadura, que son resistentes a la mayoría de los antibióticos y pueden administrarse al mismo tiempo.
Se recomienda administrar los probióticos una o dos veces al día (mañana y noche), a horas regulares. La dosis debe ajustarse siempre al peso, la edad, la salud y la cepa utilizada del perro. La eficacia del tratamiento depende de la administración regular y del cumplimiento de las recomendaciones del fabricante o del veterinario. Generalmente, las bacterias beneficiosas tardan de 1 a 3 días en colonizar los intestinos, por lo que, como medida preventiva o ante situaciones de estrés (por ejemplo, viajes, cambios en la alimentación, cirugía), conviene comenzar la suplementación unos días antes.
El producto no debe exponerse a altas temperaturas ni disolverse en agua caliente o hirviendo. Las altas temperaturas inactivan los cultivos bacterianos vivos. Los productos deben almacenarse en un lugar fresco y seco. Algunas cepas requieren refrigeración para mantener el número de células viables declarado por el fabricante.
La eficacia de la suplementación depende de la cepa utilizada, el número de unidades formadoras de colonias (UFC) y el estado de salud general del animal. En afecciones crónicas como la enfermedad inflamatoria intestinal, las alergias o la dermatitis atópica, la terapia con probióticos debe continuarse a largo plazo y según las recomendaciones del veterinario. A menudo es necesario utilizar preparados con una alta concentración de UFC. Si tiene alguna duda sobre la dosis, la selección del producto o su uso con otros medicamentos, consulte siempre con su veterinario.
¿Son buenos los probióticos para humanos para los perros? ¿Se le puede dar un probiótico para humanos a un perro?
No se recomiendan los probióticos destinados a humanos. Estos preparados pueden contener sustancias peligrosas para los perros, como xilitol, edulcorantes artificiales, saborizantes y conservantes. Su presencia puede provocar diarrea, trastornos gastrointestinales e incluso intoxicación. La composición de los probióticos para humanos a menudo no satisface las necesidades de la microbiota canina. Si bien las bacterias Bifidobacterium predominan en los humanos, cepas como Enterococcus faecium SF68 y subespecies de Lactobacillus específicas de carnívoros desempeñan un papel fundamental en los perros. El probiótico para perros debe adaptarse a su peso corporal, estado de salud y microbiota intestinal específica.
Probiótico humano para perros
El intestino de los perros tiene un pH diferente y un tiempo de tránsito más corto, por lo que las cepas probióticas destinadas a humanos podrían no tener el efecto terapéutico esperado en ellos. La concentración de unidades formadoras de colonias (UFC) se ajusta al peso corporal, lo que dificulta la administración precisa y segura del producto a perros pequeños o cachorros. Además, la dosis terapéutica por kilogramo de peso corporal en perros suele ser mayor que en humanos debido a su tracto gastrointestinal más corto y su tránsito más rápido.
Algunos probióticos para humanos contienen excipientes, saborizantes, colorantes o conservantes adicionales que no han sido probados en animales y pueden causar reacciones alérgicas o toxicidad. Para garantizar la máxima eficacia y seguridad, elija únicamente prebióticos para perros. Estos contienen cepas aisladas de perros sanos, son altamente estables en el ambiente ácido del estómago canino y no contienen aditivos perjudiciales para los animales.
¿Qué probiótico debería elegir para su perro?
Un buen probiótico para perros debe contener cepas bacterianas definidas y probadas con precisión, cuya eficacia haya sido confirmada en perros. Las más recomendadas incluyen Lactobacillus acidophilus, Bifidobacterium animalis y Enterococcus faecium, con la designación completa de la cepa, es decir, Enterococcus faecium NCIMB 10415. Simplemente nombrar el género bacteriano, como "Bifidobacterium", es insuficiente, ya que la eficacia de un probiótico depende de las propiedades específicas de la cepa.
La cepa probiótica ideal debe cumplir con estándares estrictos:
- La capacidad de sobrevivir en el estómago, donde el ambiente tiene un pH bajo, y de ser resistente a la acción de las sales biliares.
- La capacidad de adherirse al epitelio intestinal y competir con los patógenos. Debe producir metabolitos con propiedades protectoras, como ácido láctico, ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y bacteriocinas.
- No existen genes de resistencia a los antibióticos ubicados en elementos de ADN móviles (plásmidos, transposones) que puedan transferirse a otras bacterias.
- Un certificado que confirma que un microorganismo determinado es completamente seguro para el organismo huésped y no causa efectos secundarios.
La clave reside en la cantidad de unidades formadoras de colonias (UFC) vivas presentes en una sola dosis del producto hasta su fecha de caducidad, no solo en el momento de su producción, así como en la información que certifique que la preparación ha sido clínicamente probada en perros. Un probiótico de alta calidad debe estar libre de azúcares, saborizantes, colorantes y conservantes artificiales. Los productos destinados a animales deben contar con los certificados de calidad y seguridad correspondientes y estar certificados con la Presunción Calificada de Seguridad (QPS), lo que confirma su inocuidad. Es recomendable optar por productos simbióticos, que contienen tanto un probiótico como un prebiótico. El prebiótico nutre las bacterias intestinales beneficiosas y favorece su crecimiento.
La forma de administración de probióticos para perros debe adaptarse a cada animal y a su rutina diaria. En el mercado se encuentran disponibles cápsulas, polvos, pastas y golosinas, lo que facilita su uso regular. La dosis siempre debe ajustarse al peso, la edad y el estado de salud del perro. En casos de enfermedades crónicas o si el perro está tomando algún medicamento, es recomendable consultar con un veterinario sobre la suplementación.
Resumen
La suplementación con probióticos para perros es una inversión a largo plazo en su salud. Mantener la eubiosis, o equilibrio de la microbiota intestinal, se traduce directamente en una digestión adecuada, una mejor absorción de nutrientes, un sistema inmunitario que funciona correctamente y una piel y pelaje saludables. Elegir las cepas bacterianas adecuadas, su cantidad apropiada (UFC), la dosis correcta y una forma de administración adaptada a las necesidades individuales del perro es fundamental. Los probióticos para humanos no deben sustituir a los probióticos para perros, ya que pueden contener sustancias peligrosas o cepas bacterianas incompatibles con la microbiota intestinal del animal. Tanto el uso preventivo de probióticos como el apoyo a la microbiota durante periodos de mayor estrés, enfermedades crónicas o tratamientos con antibióticos contribuyen a mantener la salud a largo plazo del perro. Si tiene alguna duda sobre qué producto elegir, consulte a su veterinario o a un nutricionista veterinario.
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